Villamayor en la primera mitad del siglo XIX, unas breves notas históricas

(Placa a la Constitución que se situaba en la Plaza del Planillo. Segunda mitad del s. XIX)

El siglo XIX no empezó bien para Villamayor. Tal y como consta en las crónicas de Faustino Casamayor y de Jean Belmas, vivió el paso de tropas napoleónicas y españolas, a las que alojó y avitualló. Incluso hubo una batalla en sus campos en agosto de 1808. El 25 de diciembre de 1808 sería, sin embargo, saqueado. Uno de los desastres de la guerra.

(Tropas napoleónicas. Recreación histórica. Foto de Valischka)

Entre 1809 y 1813 el todavía barrio de Zaragoza vivió bajo la administración bonapartista, de lo que ha quedado rastro en las actas del ayuntamiento, con sellos con el águila símbolo del imperio napoleónico. Lo mismo ocurre con sellos constitucionales de 1813 que fueron tachados con el retorno de Fernando VII.




En los años siguientes, no vivió ajeno a los cambios políticos y los enfrentamientos entre la Revolución Liberal y la Contrarrevolución. Durante el Trienio Constitucional, de 1820 a 1823 se formó el cuerpo cívico de la Milicia Nacional, que elegía a sus oficiales, como queda constancia en las actas.



Desde 1823 a 1833 se formó cuerpo de Voluntarios Realistas en defensa del trono absoluto y la religión, pero a partir de la muerte de Fernando VII las circunstancias cambiaron. Se inició una cruenta guerra civil de 7 años, la I Guerra Carlista (1833-1840). En ella se enfrentaron los partidarios de la Reina Isabel II (isabelinos, en su mayor parte liberales) y los carlistas (absolutistas que reconocían a Don Carlos como rey de España). 

En esta guerra, de frentes variados y porosos, Villamayor se salvó, sin embargo, de ser primera línea de batalla, aunque en 1834 hubo rumores de haber visto una treinta de hombres armados en favor de Don Carlos. Eso no obsta para que no sufriera los miedos y tensiones de la misma. Fue parte de la retaguardia isabelina, pero siempre temeroso de que los carlistas de Cabrera pudieran vadear el Ebro en verano o de que conquistasen Zaragoza. Además, su propia población estaba dividida entre isabelinos y carlistas e incluso entre los propios partidarios de la Reina, pues unos eran más liberales que otros.

(Milicia Nacional)

En todos los pueblos y ciudades se organizó la Milicia Nacional, una fuerza cívica sostén del régimen constitucional, que a veces devino en revolucionaria. En Villamayor hubo 75 milicianos de infantería en 1835, que aumentaron a partir de 1836, provocando tumultos en los veranos de 1837 y de 1840. También se debe indicar que estos milicianos fueron movilizados en diversas ocasiones, para la defensa de Zaragoza, la vigilancia de los vados del Ebro y la escolta de un convoy de municiones hasta Jaca. 

Muestra de la conflictividad de la época fue lo sucedido la tarde-noche del 23 de julio de 1837, cuando una porción de milicianos nacionales se reunieron en las calles y fueron amenazando a otros vecinos de ideas absolutistas e incluso "llegaron a dar algunos palos a tres o cuatro", continuando rondando hasta medianoche alborotando y "dando tiros". El alcalde constitucional, Joaquín Oto, salió a reconvenirles su actitud, y preguntando que quién les había autorizado a salir con los fusiles que la Nación había puesto en sus manos. Los revolucionarios milicianos le respondieron que "la Libertad les autorizaba". Esto da muestra de su concepción de la política liberal y su politización que ejercían ya no con los votos sino con las armas. 
Al día siguiente, el 24 de julio de 1837 el Ayuntamiento de Villamayor reunió al Consejo de Disciplina de la Milicia Nacional y decidieron desarmar a 19 milicianos y arrestar dos días al cabecilla de los alborotos. 

Un año más tarde, a primeros de abril, el miedo colectivo y la psicosis eran patentes. Zaragoza había repelido el sorpresivo ataque carlista del Cinco de Marzo de 1838, pero las tropas de Cabrera seguían amenazando a los partidarios de Isabel II. En Villamayor tomaron una decisión: nombrar dos ayuntamientos, uno carlista y otro isabelino. Es decir, en caso de que los carlistas se presentaran en la localidad, el ayuntamiento constitucional y electo, traspasaría sus funciones a otro ayuntamiento de vecinos carlistas. En dicha solución tuvo un papel de mediación el cura párroco Pedro Gaspar. Para alivio del vecindario y autoridades no se llegaron a ver invadidos. 

Finalmente, una vez acabada la guerra, en 1841, hubo conflictos entre varios vecinos de una tendencia política y otra. Hay que tener en cuenta que con la Paz de Vergara alcanzada entre el general liberal Espartero y el carlista Maroto en 1839 muchos carlistas se reintegraron en la comunidad, ejerciendo sus derechos como ciudadanos en un marco constitucional al que habían combatido. Eso produjo numerosas tensiones y altercados. Uno de estos combatientes carlistas retornados al acabar la guerra era Mariano de Gracia, quien se dedicó a "dar voces subversivas" contra la Reina y la Constitución. Por esa razón el Ayuntamiento de Villamayor y los oficiales de la Milicia Nacional decidieron arrestarlo el 6 de mayo de 1841. 



Esto son sólo algunas brevísimas notas de la Historia de Villamayor en el siglo XIX, aunque hay mucho más (y del traumático siglo XX, también). Sobre esto he escrito ya en dos obras, un capítulo de un libro colectivo y mi propia Tesis Doctoral, donde se encuentran las referencias bibliográficas y archivísticas pertinentes. 


Daniel Aquillué Domínguez


BIBLIOGRAFÍA:


Daniel AQUILLUÉ DOMÍNGUEZ: "Entre burgueses de levita, milicianos empoderados e ilusiones liberales", en Ignacio PEIRÓ y Carmen FRÍAS (coords.): Políticas del pasado y narrativas de la nación en la España contemporánea, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016, pp. 47-66.

Daniel AQUILLUÉ DOMÍNGUEZ: El liberalismo en la encrucijada: entre la revolución y la respetabilidad 1833-1843, Tesis Doctoral, Universidad de Zaragoza, 2017. 









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