Juan Carlos I: de "Juanito" a rey de España


22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I se convierte en rey de España Fuente 


Tratamiento historiográfico de la figura de Juan Carlos

 

Juan Carlos I, Rey de España. La visión transmitida sobre el monarca por los medios de comunicación en las últimas cuatro décadas es claramente una construcción a posteriori, la del mito de la Monarquía democrática desde sus orígenes y salvadora de la Democracia en 1981. Si bien es cierto, por el contrario, que toda esa percepción mitificada parece estar disolviéndose cual azucarillo en agua en los últimos tiempos.

Pero realmente, si vamos a los trabajos realizados por la comunidad historiográfica ¿cuál es la imagen que transmiten del monarca y su papel en la Transición? Esto es lo que he intentado ver a través de distintas publicaciones, tanto de historiadores españoles como hispanistas.

Cuatro son los principales autores que han tratado este tema: Paul Preston, Charles Powell, Javier Tusell, y Ferrán Gallego. Pensaba encontrarme distintos puntos de vista, pero lo cierto es que todos los citados autores coinciden en ensalzar la figura del rey en mayor o menor medida, afianzando una visión “pro juancarlista”. En la farragosa biografía realizada por Tusell Juan Carlos I. La restauración de la monarquía deja claro que Juan Carlos creía desde el principio en los planteamientos democráticos. Charles Powell incide en su obra El piloto del cambio. El rey, la Monarquía y la transición a la democracia en que Juan Carlos fue fundamental para la transición y consolidación de la democracia desde arriba, sin rupturas, dándole una “legitimidad retrospectiva”, siendo un auténtico “piloto del cambio”. Paul Preston, ya conocido por su exhaustiva biografía de Franco, dedica un libro a Juan Carlos. El rey de un pueblo donde repasa a la vida del rey haciendo casi más una hagiografía que una biografía, señalando que al rey se le ha de reconocer además de su importante papel en la Transición, todos los sacrificios que ha hecho en su vida por una España democrática, especialmente cuando siendo un niño de 10 años fue abandonado por su familia para ser sometido a una dura educación y una agobiante vigilancia, que se prolongó por lo menos hasta 1969, y continuas humillaciones. Preston concluye tajantemente en esta apología diciendo que “Para Juan Carlos al menos, “vivir como un rey” ha significado sacrificio y dedicación en un grado tal que ha dotado a la monarquía de una legitimidad impensable”. Por último, la obra de Ferrán Gallego, El mito de la transición: la crisis del franquismo y la crisis de la democracia (1973- 1977), quizás la única algo más disonante, algo más crítica que las anteriormente señaladas, viene a decir que Juan Carlos trabajaba más por sí mismo que en por una democracia amplia.

 

Juan Carlos, Príncipe de España, y la instauración de la Monarquía

 

En agosto de 1947, a bordo del “Azor”, se reunían el Caudillo de España, Francisco Franco, y el eterno pretendiente al trono de España, Don Juan de Borbón. El asunto a tratar era el futuro de un joven Juan Carlos y de una España constituida en Reino sin rey mientras viviese el Caudillo.

A raíz de lo acordado en aquella reunión, Juan Carlos, de diez años, fue enviado a estudiar en España, bajo la atenta mirada del régimen franquista. En un colegio en las Jarillas, a 17km de Madrid, comenzó a cursar en 1948 sus estudios junto a 8 alumnos escogidos y la supervisión de un grupo de preceptores, entre los que destacaban José Garrido Casanova y Heliodoro Ruiz Arias. Garrido señaló que “este niño al que solo se le hablaba de deberes y responsabilidades”. Y es que en Estoril importaba más el futuro de la monarquía que aquel niño que entre 1950 y 1955 estudiaría en el colegio en Miramar para, en 1955, ingresar en la Academia General Militar de Zaragoza. Allí permanecería dos años siendo profesores suyos Carlos Martínez Campos y Alfonso Armada. En 1958 pasaría a estudiar en la Universidad Central, destacando su profesor de Derecho Político Torcuato Fernández Miranda. En todo este tiempo entre 1948 y 1960, el joven príncipe solo tuvo contacto con Franco en tres ocasiones. Durante estos años Juanito despertó las hostilidades de falangistas y carlistas, viviendo agrios momentos. Pero si don Juan Carlos estaba en España era porque Franco quería una monarquía entregada a él.

Y es que la monarquía llevaba años de exilio y aún no se sabía responder a la pregunta de ¿y después de Franco quién? ¿el qué? Se podría decir que existían a partir de 1947 “dos monarquías”, la monarquía de Estoril representada por Don Juan y la Monarquía de las Leyes Fundamentales establecida en 1947. La primera mantuvo tensas relaciones con las decisiones de la segunda. Tres hitos, tres puntos de no retorno (o sí, si Franco lo hubiese querido) jalonan el camino de Juan Carlos al trono, a contestar ese intrigante futuro tras la desaparición de Franco. Estos tres pasos son: la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947, el nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España y sucesor el 22 de julio de 1969, y su promulgación como rey el 22 de noviembre de 1975. Estos son los tres acontecimientos en los que me voy a centrar a continuación.

En primer lugar, la Ley de Sucesión del 9 de junio de 1947. En dicha ley España se constituía como Reino, si bien sin rey. Esto respondía vagamente a después de Franco ¿el qué? Sí, una monarquía pero ¿con qué rey y cómo? El primer artículo decía “España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino”. En el artículo sexto se señalaba que “el Jefe del estado (o sea, Franco) podrá proponer a las Cortes la persona que estime deba ser llamada en su día a sucederla, a título de Rey o de Regente con las condiciones exigidas por esta ley”. Pero el centro de la cuestión se encontraba en el artículo noveno decía los requisitos necesarios para ser sucesor “Para ejercer la Jefatura del Estado como Rey o Regente se requerirá ser varón y español, haber cumplido la edad de treinta años, profesar la religión católica (…) y jurar las Leyes fundamentales, así como lealtad a los principios que forman el movimiento Nacional”. Franco tardaría, para angustia de muchos, 22 años en nombrar sucesor.

Segundo hito, el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. El 22 de julio de 1969 por fin se desveló el interrogante ¿después de Franco quién? Una vez finalizados sus estudios académicos y militares, Juan Carlos había contraído matrimonio con Sofía de Grecia en 1962. Poco después se habían trasladado al palacio de la Zarzuela donde estuvieron sometidos a una absoluta vigilancia. Bien, en esta situación, entre dimes y diretes en la Zarzuela, Estoril y el Pardo, Franco se dignó a nombrar un sucesor. Aun así, el Caudillo siguió utilizando a Alfonso de Borbón y Dampierre, primo de Juan Carlos, como as escondido bajo la manga, recordando (amenazando) con que tenía otro candidato al trono. La llegada a la vicepresidencia del gobierno en 1967 de Carrero Blanco favoreció la toma de decisión del Generalísimo. Así pues, el 12 de julio de 1969, Juan Carlos, llamado al Pardo, fue informado de su elección como sucesor. Tenía que aceptar o no en el momento. Y lo que estaba en juego era la restauración de la monarquía y como dijo el propio Juan Carlos a su padre “si no yo, ni tú ni yo”. Y es que este nombramiento no sentó nada bien en Estoril, donde don Juan aún tenía esperanzas y no concebía esa aberración que suponía el salto dinástico. Tras la entrevista con Franco, Juan Carlos se apresuró a escribir a su padre en el siguiente tono:

“Queridísimo papá: acabo de volver de El Pardo a donde he sido llamado por el Generalísimo (…) El momento que tantas veces te había repetido que podía llegar, ha llegado y comprenderás mi enorme impresión a comunicarme su decisión de proponerme a las Cortes como sucesor a título de Rey. Me resulta dificilísimo expresarte la preocupación que tengo en estos momentos (…) me obligan como español y como miembro de la Dinastía a hacer el mayor sacrificio de mi vida, y cumpliendo un deber de conciencia y realizando con ello lo que creo es un servicio a la patria, aceptar el nombramiento para que vuelva a España la Monarquía”.

En la sesión de Cortes del 22 de julio de 1969 Juan Carlos fue nombrado sucesor por 491 votos a favor, 20 en contra y 9 abstenciones. No fue nombrado como Príncipe de Asturias sino como Príncipe de España. Y es que como dejó bien claro Franco, se trataba de una “instauración” de la monarquía, de la monarquía de las Leyes Fundamentales, de su monarquía. Si hubiese querido restaurar la monarquía parlamentaria hubiese elegido a don Juan. Al día siguiente el ya Príncipe de España juró lealtad al Jefe del Estado, a los principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales.

A partir de su designación por voluntad del Caudillo, el Príncipe hubo de moverse en un difícil equilibrio entre las “familias” del régimen, y vigilando a una influyente “camarilla de El Pardo” que pretendía no ponerle las cosas nada fáciles. Además, la oposición consideraba a Juan Carlos un “príncipe de opereta” doblegado al franquismo, que le ignoraba en la toma de cualquier decisión. El 20 de diciembre moría Carrero Blanco. Este acontecimiento por una parte eliminaba a uno de quienes había apoyado la candidatura de Juan Carlos y daba alas a la camarilla del Pardo, pero por otra parte la desaparición de Carrero suponía la desaparición de posibles futuras limitaciones a la acción del futuro rey.

Así se llegó al tercer hito. Una vez muerto Franco, con su cadáver aún insepulto, el Príncipe de España se convirtió en Juan Carlos I. Pero aún nadie sabía qué iba a pasar. Un rey designado por Franco ¿y ahora qué? Desde las distintas posiciones políticas se esperaba expectante el primer mensaje del nuevo rey únicamente legitimado por un Franco salido del 18 de Julio. Juan Carlos quería distanciarse del régimen pero no quería contravenir la legitimidad franquista, su legitimidad. ¿Qué pretendía realmente el rey? Según la mayoría de autores una reforma desde arriba, de la ley a la ley, con la democracia como objetivo final. Pero su discurso de proclamación de 22 de noviembre de 1975 no dejó nada claro, apenas tranquilizó al búnker y apenas mantuvo las esperanzas de la oposición. Antes las Cortes, con uniforme de Capitán general, leyó su primer discurso como rey: comenzó con respetuosas alusiones a Franco, hizo saber que comenzaba una nueva época declarando que la monarquía incluía a todos los españoles, llamó al consenso nacional, reconoció las enseñanzas de su padre, y omitió toda referencia al 18 de Julio pero también a la democracia. El discurso, ambiguo, lo único que dejaba claro realmente era que la monarquía era el único instrumento institucional capaz de superar las condiciones heredadas de la guerra. A posteriori todos parecen coincidir en que el rey ya anunciaba la llegada de la democracia, pero entonces con el cadáver aún insepulto del dictador, no estaba nada claro…


Daniel Aquillué Domínguez

 

BIBLIOGRAFÍA:

PALACIO ATARD, Vicente, Juan Carlos I y el advenimiento de la democracia, Espasa Calpe, Madrid, 1989.

TUSELL, Javier, Juan Carlos I. La restauración de la monarquía, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1985.

PRESTON, Paul, Juan Carlos. El Rey de un Pueblo, Plaza Janes, Madrid, 2003.

POWELL, Charles T. El piloto del cambio. El rey, la Monarquía y la transición a la democracia, Editorial Planeta, Barcelona, 1991.

 

NOTA: Este texto es parte de un trabajo de grupo que hice en 5º de licenciatura, parala asignatura de "Historia de España Actual: Franquismo y Transición" (Prof. Julián Casanova). Es la primera parte de un trabajo más amplio realizado con tres compañeras (Irene C., Sandra B. y Pilar R.).


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