Historiografía sobre la Guerra Civil



“El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado” George Orwell.

Ríos de tinta

Sobre la Guerra Civil se ha escrito mucho desde diversos ámbitos, hay una ingente bibliografía cifrada en más de 20.000 libros publicados. En palabras de José Luis Ledesma se ha pasado “de un pasado oculto a un pasado omnipresente”. Un pasado que en el presente suscita gran interés historiográfico, público y mediático. La Guerra Civil es el campo de batalla preferente de las luchas memoriales.

Antes de la historiografía, propagandas de guerra y posguerra

Durante el propio desarrollo de la contienda, ambos bandos ya escribieron sobre ella con un claro y lógico sentido propagandístico. Una guerra de ideas y palabras que también se saldó con la victoria franquista.
Estas primeras visiones de la guerra estuvieron marcadas por el maniqueísmo, por el intento de culpabilizar al bando contrario, y por el recurso a una retórica de lucha contra potencias extranjeras.
Así pues, el relato republicano recurrió al obvio argumento de defensa de un gobierno legítimo, de un Pueblo que luchaba por la Democracia frente a la agresión de unos generales y unas oligarquías apoyadas por el fascismo y el nazismo exterior. Era una “segunda Guerra de Independencia”. Esta narrativa puso el énfasis en los motivos políticos y sociales.
Por su parte, el bando sublevado –luego franquista- tuvo inicialmente más difícil justificar la rebelión. Su argumentación se basaba en el levantamiento preventivo ante una inminente revolución comunista, poniendo énfasis en los motivos religiosos y nacionales, siendo la guerra entre España y la Anti-España ayudada por la Unión Soviética. La guinda a este discurso la puso la Iglesia Católica, cuya jerarquía no tardó en acuñar y difundir la conceptualización de la guerra como una “Cruzada” (Gomá).
Las obras que se escribieron en los años de la posguerra mantuvieron ésta línea de la cruzada y la guerra de liberación. Basten como ejemplos dos: la Historia de la Cruzada Española dirigida por Joaquín Arrarás y comenzada a publicar en 1939 y la Síntesis histórica de la Guerra de Liberación, del mencionado autor, y publicada en 1968.

El comienzo historiográfico de la “Guerra Civil” en los años 60: historiadores del régimen e hispanistas anglosajones

Con los años 60 la Cruzada volvió a ser Guerra Civil, al menos, en sectores académicos. Los historiadores del franquismo (Vicente Palacio Atard, Ramón Salas Larrazabal, Ricardo de la Cierva) comenzaron a rechazar lo más burdo de la propaganda, pero mantuvieron sus líneas fundamentales: inevitable e incluso necesaria guerra.
Por otro lado, los hispanistas, sobre todo anglosajones, comenzaron a investigar el tema con vocación de objetividad. Desde el punto de vista político, destacan Hugh Thomas y Gabriel Jackson; desde la Historia Social, Malefakis y Paul Preston. Sus líneas argumentales se basaban en la polarización entre izquierda y derecha como causa de la guerra.

El “todos fuimos culpables”, una necesidad transitoria

Con el fin de la Dictadura y la Transición se abrieron posibilidades para el estudio de la Guerra Civil: acceso a fuentes democratización universitaria, apoyo institucional, cincuentenario… Los Coloquios de Pau, sobre historia contemporánea española, dirigidos en los años 70 por M. Tuñón de Lara impulsaron el interés por miradas sociales de la Guerra Civil.
Pero el contexto político influyó en una visión de la guerra como “guerra fratricida”, la asunción de una “culpa colectiva”, el fruto de la “sinrazón” de los españoles que no se debía repetir “nunca más”. Era un relato doliente, una visión útil para la reconciliación política que se planteaba en esos momentos. Los historiadores pudieron aceptar esto como ciudadanos, pero no como profesionales.
La guerra parecía querer ser relegada al olvido institucional, sus ecos al silencio, pero no fue así en el ámbito cultural, en el historiográfico, que en los años inmediatamente posteriores vivió una “edad de oro”.

La edad de oro historiográfica, los años 80 y 90
El torrente de investigaciones acerca de la Guerra Civil en las dos últimas décadas del siglo XX desbordó la bibliografía. Los títulos y autores se multiplican, Preston, Fraser, Santos Juliá, Casanova… Se multiplicaron las investigaciones locales y regionales, y aparecieron síntesis y análisis globales.
Las nuevas interpretaciones incidieron en varios factores del conflicto, así pues, Paul Preston escribió que no había “una, sino varias guerras”, propietarios agrarios contra jornaleros, católicos contra anticlericales, regionalistas contra centralistas, patronos contra obreros industriales… Siguiendo esta estela, el profesor Julián Casanova habla de varios tipos de lealtades, que pueden ser religiosas, familiares, regionales… José Álvarez Junco prefiere hablar de “estratos conflictivos”, internacional, social, ideológico, nacionalista. Y como último ejemplo, Santos Juliá habla de la contienda como lucha de clases, guerra de religión, enfrentamiento de nacionalismos, dictadura militar contra democracia republicana, revolución frente a contrarrevolución, fascismo contra comunismo…
Manuel Pérez Ledesma señala que en ésta época pareció posible llegar a un consenso historiográfico en torno a algunos aspectos. En primer lugar, que la causa inmediata de la Guerra había sido el fracaso del golpe de estado, fracaso derivado de la división del ejército. En segundo lugar, quedó desechada la justificación del levantamiento preventivo frente a una inminente revolución comunista, y que fue el golpe el que provocó la revolución.
Por otra parte, hubo debates historiográficos acerca de dos cuestiones: ¿hasta dónde había que llegar en la búsqueda de las causas del conflicto? y ¿hasta qué punto se consideraba inevitable el estallido bélico? Y relacionado con esto ¿por qué fracasó la II República?
Sobre la primera pregunta los historiadores marxistas y del ámbito de Annales señalaron causas estructurales, de fondo o largo alcance. Desequilibrios estructurales y coyunturales como dijo Pierre Vilar o retraso en la modernización de España, como señaló Tuñón de Lara. En definitiva, una crisis estructural española originada a fines del XIX, plasmada en la inadecuación del sistema de la Restauración.
Paul Preston, por su parte, encuentra los orígenes del conflicto en las actitudes de los diversos grupos políticos y sociales entre 1931 y 1936. Malefakis considera que fue la incapacidad para aceptar los cambios sociales, el ambicioso idealismo del primer bienio republicano y errores tácticos los que causaron el conflicto. Stanley G. Payne lo achaca al radicalismo e irresponsabilidad de los líderes republicanos, e Ismael Saz al fracaso político de la derecha española que finalmente recurrió al golpe militar.
Respecto a la segunda cuestión, los historiadores marxistas y de Annales señalan que una crisis estructural tan profunda era de difícil resolución por vía pacífica, por tanto, había una inevitabilidad de la guerra.  En esa línea de inevitabilidad del conflicto se sitúan los conservadores Payne y de la Cierva, que hablan de una república “imposible” que llevaba “semillas de destrucción”.
Frente a esa interpretación, autores como Santos Juliá o Julián Casanova inciden nuevamente en que la guerra fue causa de un golpe de estado fallido y, que, por tanto, no era algo inevitable, ya que además sin el colapso de los medios de coerción nunca se hubiese producido la revolución. O Shlomo Ben Ami que señala que las divisiones político-sociales presentes en la II República no convertían en inevitable el resultado bélico.  Según estos historiadores habría que separar antecedentes cronológicos de las causas de la guerra.
Al margen de los debates, o más bien influidos por ellos, surgen en los 80 y 90 numerosos estudios, ya sean de una renovada Historia Social (nuevas categorías como comunidad, redes), desde estudios culturales (símbolos, ritos) o basándose en fuentes orales. Hay preocupación por la “construcción del enemigo” y por intentar explicar el “sentido” de los actos violentos.
La violencia se convirtió en objeto de estudio predilecto, ya que como ha escrito Julián Casanova la violencia se convirtió en la “médula espinal” de la dictadura, una dictadura forjada en la guerra. Tras 40 años de silencios fue prioritario estudiar la violencia sublevada y luego franquista.
Con la llegada del siglo XXI se produjo un salto cualitativo en la historiografía según apunta José Luis Ledesma, una indagación en otras dimensiones:
·         “Efectos no contables de la represión” (Conchita Mir) y “democratización del miedo”: campos de concentración, explotación económica, sistema penitenciario, del terror caliente al institucionalizado, depuraciones, exclusión del vencido, violencias específicas, participación social de la represión…
·         Uso de otros marcos conceptuales, otras historiografías y otras disciplinas (sociología, politología…). Análisis comparados, debates sobre la naturaleza fascista o no del franquismo…
·         Acercamiento al tema de otros historiadores del Novecientos: exploración de la construcción simbólica y discursiva, imaginarios a largo plazo…

La mediática y polémica irrupción de la Memoria Histórica y el pseudorrevisionismo filofranquista

A fines del siglo XX reaparecieron interpretaciones profranquistas por cuestiones políticas. Un punto de inflexión fue la resolución parlamentaria de 1999 que condenaba el levantamiento de 1936. Enrique Moradiellos en su último libro dedica un capítulo a analizar este fenómeno.
Pseudorevisionismo” (filofranquista) sobre la triada República- Guerra Civil- Franquismo:
·         Es un fenómeno cristalizado en la última década, con un carácter político, mediático y cultural, y cierto éxito de público.
·         Su visión de la II República es como un régimen impuesto casi por la fuerza, que no fue plenamente democrática, con unas izquierdas sectarias y violentas.
·         Interpreta la Guerra Civil como resultado inevitable de la anarquía, por amenaza de la revolución, sovietización y disolución nacional.
·         Para esta tendencia, la dictadura salvó a España del comunismo y de la II Guerra Mundial, trajo la paz, modernizó España y sentó las bases de la transición democrática.
·         Los pseudorrevisionistas concluyen que las tragedias de España son culpa de la izquierda violenta y la derecha solo reacciona en defensa propia.
·         Beben de una tradición interpretativa de raigambre franquista.
·         En ella hay periodistas como F. Jiménez Losantos, historiadores coyunturales o profesionales: Pío Moa, César Vidal, Luis Eugenio Togores.
Hay historiadores que indican que eso no es revisionismo:
·         Enzo Traverso señalan que es una usurpación, las revisiones en Historia son legítimas y necesarias. Revisión como resultado de investigación.
·         Método no historiográfico.
·         Reactualización de doctrina oficial franquista.
·         Poca novedad y mucho mito franquista.
5 factores lo explican:
1.      Presentismo:
·         Lectura ideológica del pasado.
·         Presentismo del análisis.
·         “Han cambiado los hábitos del historiador por la toga de fiscal” (p. 267).
·         Traverso: “El historiador no es un juez, su tarea no consiste en juzgar sino en comprender”.
·         Abuso del pasado, objetivo político presentista:
·         Legitimación de las credenciales democráticas de la derecha español, deslegitimación democrática de la izquierda.                                                                
·         Culpa de todos los males: la izquierda.
·         No condena del franquismo.
·         Arma de combate político presentista.
·         Deslegitimación de las derechas actuales por herederas del franquismo.
·         Tesis maniqueas, combate militante.
·         Establecer responsabilidades.
·         Franquismo: régimen fascista, homologable al nazismo à Holocausto, genocidio.
·         Violencia republicana “espontánea”.
·         Todo esto alienta a los filofranquistas.
2.      Cambio generacional.
·         “Nietos de la guerra” à Nuevas visiones del pasado.
·         Crisis de imágenes: “todos fuimos culpables”, “locura fratricida”, “transición modélica”.
3.      Nuevo contexto nacional e internacional, 1990:
·         Consolidación régimen democrático: eliminación de tabúes para hablar del pasado traumático.
·         Había un silencio político-institucional pero no cultural (3517 ref. bibliográficas hasta 1996).
·         Desplome de la URSS: desprestigio del comunismo por los crímenes, Franco “salvador del comunismo” à dictadura ante todo anticomunista y nacionalista: Franco vs Comunismo y no Franco vs Democracia.
·         Gobiernos de Aznar: éxitos del pseudorrevisionismo.
4.      Visión de la II República:
·         Desde cierta izquierda: visión utópica, ideal. Manifiesto “Memoria de Futuro” (2006). “La Historia complica nuestro conocimiento del pasado, la conmemoración lo simplifica” Todorov (p.289).
·         Contra esa visión simplista: filofranquistas que: Ignoran trabajos académicos (Casanova, Santos Juliá), eluden que la Guerra Civil fue consecuencia de un golpe de estado fallido, dicen que la república no fue democrática ([¿Y qué fue Franco?).
·         Reciente labor historiográfica: cribar mitos.
5.      Eclosión del Movimiento para la Recuperación de la “Memoria Histórica”.
·         100.000 víctimas durante la guerra + 50.000 después en zona sublevada/franquista y 60.000 en zona republicana.
·         “La llamada memoria colectiva no es una memoria sino un discurso que se mueve en el espacio público” Todorov.
·         “Memoria Histórica es un concepto espurio (…) la Historia sencillamente no es memoria” Gustavo Bueno.
·         Memoria franquista: se cimenta sobre el recuerdo de la Guerra Civil y de la victoria, imposición sobre y a los vencidos. Honra a los caídos por Dios y por España.
·         Memoria republicana: desde 2000. 170 asociaciones. Localización y exhumación de fosas.
·         Beatificaciones desde mitad de los 80.
·         “Muertos como arma arrojadiza de legitimación propia y demonización ajena”.
·         Exhumación de fosas: un derecho de las familias à superar pasado traumático. Mera cuestión de justicia equitativa.
·         2007. Ley de Memoria Histórica.
Papel de los historiadores:
·         Investigación rigurosa.
·         Participar en la esfera pública para mostrar reflexiones.
·         Contra la manipulación del pasado.

Nuevos retos, nuevas perspectivas, y la aparición del revisionismo académico
José Luis Ledesma ha señalado una serie de carencias y de retos historiográficos sobre el omnipresente tema de la Guerra Civil:
·         Quedan todavía interrogantes y ángulos muertos. Por ejemplo: monografías sobre el Madrid de guerra, “violencias de guerra” menos “clásicas”…
·         Carencias: multiplicación de estudios “poco relevantes”, trabajos de mayor profundidad teórica e interpretativa, todavía hay pocas perspectivas comparadas, obstáculos todavía para acceder a determinadas fuentes.
·         Abrasivas implicaciones públicas. Irrupción de narrativas de mayor eco mediático “revisionismo”. Conjunto de lo anterior: bloqueo del debate e interrogantes.
·         Desequilibrio: gran atención a la violencia en zona rebelde y poca a la zona republicana.  Tras décadas de silencio fue prioritaria la primera.
·         Violencia republicana: abordada muchas veces “a la defensiva”. No fue mera espontaneidad.
·         Líneas de investigación futuras:
1)      Participación de las poblaciones locales en la represión.
2)      Mecanismos represivos que no incluyen la eliminación física.
3)      Proceso de economización de la violencia.
4)      Apertura en varias direcciones, normalizar el estudio del tema.
5)      Corregir el desequilibrio: estudiar la retaguardia republicana.
6)      Difuminar el subregistro historiográfico “represión” y ampliarlo a otras prácticas.
7)      Incorporar “violencias de guerra”.
8)      Punto de vista comparado.
9)      Cuestión de “guerra total”, “culturas de guerra” y “función social” de ellas.
10)  Considerar politología, sociología, antropología, psicología…
11)  Procesos de construcción social de la realidad (imaginarios, símbolos, identidades) en el origen de los hechos violentos.
12)  Relación entre prácticas violentas y definición política y jurídica de las retaguardias y de los distintos proyectos.
13)  Diferentes formas de interacción social.
14)  Quienes disparaban, quienes autorizaban, quienes denunciaban (vecinos “gente corriente”).

Una bibliografía básica (podría haber sido otra) sobre la Guerra Civil

Hispanistas anglosajones:
CARR, Raymond, La tragedia española. La guerra civil en perspectiva, Alianza Editorial, Madrid, 1986 (edición en inglés 1977).
FRASER, Ronald, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española, Crítica, Barcelona, 1979.
JACKSON, Gabriel, La República española y la guerra civil, Crítica, Barcelona, 1976.
PAYNE, Stanley G., La guerra civil española. Revolución y contrarrevolución, Alianza, Madrid, 1989.
      PRESTON, Paul, El holocausto español, Debate, Barcelona, 2012.
PRESTON, Paul, La guerra civil española, Debate, Barcelona, 2006.
THOMAS, Hugh, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona, 1976.
Síntesis de historiadores españoles:
CASANOVA, Julián y GIL ANDRÉS, Carlos, Historia de España en el siglo XX, Ariel, Barcelona, 2011.
JULIÁ, Santos, GARCÍA DELGADO, José Luis, JIMÉNEZ, Juan Carlos, Un siglo de España, Marcial Pons, Madrid, 1999.
Monografías:
ALEGRE, David, La batalla de Teruel. Guerra total en España, La esfera de los libros, 2018.
AVILÉS FARRÉ, Juan, Pasión y farsa. Franceses y británicos ante la guerra civil española, Eudema, Madrid, 1994.
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CARDONA, Gabriel, Historia militar de una guerra civil, Flor del Viento, Barcelona, 2006.
CASANOVA, Julián (dir.), El pasado oculto: fascismo y violencia en Aragón (1936-1939), Siglo XXI, Madrid, 1992.
CASANOVA, Julián, España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil Española, Crítica, 2013.
CASANOVA, Julián, De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España, 1931-1939, Crítica, Barcelona, 1997.
CASANOVA, Julián, La Iglesia de Franco, Crítica, Barcelona, 2005.
CENARRO, Ángela, La sonrisa de Falange. Auxilio Social en la guerra civil y en la posguerra, Crítica, Barcelona, 2006.
ELORZA, Antonio, BIZCARRONDO, Marta, Queridos camaradas. La Internacional comunista y España, Planeta, Barcelona, 1999.
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LEDESMA, José Luis, Los días de llamas de la revolución. Violencia y política en la retaguardia republicana de Zaragoza durante la guerra civil, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2003.
MARÍN ACEÑA, Pablo, El oro de Moscú y el oro de Berlín, Taurus, Madrid, 2000.
MARTÍNEZ REVERTE, Jorge, La batalla del Ebro, Crítica, Barcelona, 2003.
MORADIELLOS, Enrique, La pérfida AlbiónEl gobierno británico y la guerra civil española, Siglo XXI, Madrid, 1996.
MORADIELLOS, Enrique, El reñidero de Europa. Las dimensiones internacionales de la guerra civil española, Península, Barcelona, 2001.
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ROMERO, Luis, Tres días de julio, Ariel, Barcelona, 1968.
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Bibliografía

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LEDESMA, José Luis, “Del pasado oculto a un pasado omnipresente: las violencias en la Guerra Civil y la historiografía reciente”, Jerónimo Zurita, 2009.
MORADIELLOS, Enrique, La guerra de España (1936-1939), Barcelona, 2012.
PÉREZ LEDESMA, Manuel, “La Guerra Civil y la historiografía: no fue posible el acuerdo” en JULIÁ, Santos (dir.), Memoria de la guerra y del franquismo, Fundación Pablo Iglesias-Taurus, Madrid, 2006.

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Este texto forma parte de un trabajo que realicé en el Máster Interuniversitario en Historia Contemporánea en 2013, aunque con alguna actualización bibliográfica.

Daniel Aquillué

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