Zaragoza: 20 de febrero de 1809



Los Sitios de Zaragoza son un episodio histórico de gran relevancia, tanto por lo que supuso en su momento como por su recuerdo posterior en la memoria colectiva, mezclándose mitificaciones y construcción de identidades. En el marco de la Guerra de Independencia/Guerra Peninsular/Guerra de España, un intenso y largo conflicto internacional, de resistencia ante una invasión extranjera y con aspectos de guerra civil y revolución, la resistencia zaragozana frenó el avance napoleónico por el valle del Ebro, Aragón, Cataluña y Valencia durante casi un año. Fue un hito en tanto resistencia enconada e inesperada por los generales de ambos bandos, por la alta movilización e implicación popular, y por romper las “reglas de la guerra” dieciochesca, al negarse a rendir una plaza tras caer sus muros, y desarrollar un terrible combate urbano. Para la ciudad y sus habitantes fue un desastre, por la pérdida de vidas y económicas (las pérdidas de Patrimonio histórico-artístico se deben más a las autoridades zaragozanas de los últimos 200 años que a las bombas francesas). Más allá de “personajes” y “élites”, fue la población civil, labradores, artesanos, clases populares (en estos sectores se incluyen mujeres, con alta presencia) la que impuso sus dinámicas, deponiendo a autoridades, amenazando a otras, resistiendo a la invasión y padeciendo la guerra.
Tras dos asedios, Zaragoza estaba exhausta. A lo largo de enero de 1809 cayó el perímetro defensivo de la ciudad: el convento de San José, el reducto del Pilar, el monasterio de Santa Engracia, los conventos de Santa Mónica y San Agustín… Comenzaba entonces un lento, cruento y destructivo combate en los subsuelos, sótanos, casas, habitaciones, tejados, calles, huertos y plazuelas del entramado urbano. Una guerra sin parangón. Finalmente, tras la caída del Arrabal, la extensión del tifus, la amenaza de minar toda la ciudad y la llegada del ejército napoleónico al Coso, la Junta zaragozana decidió capitular el 20 de febrero de 1809, saliendo los defensores el 21 por la puerta del Portillo.

Benito Pérez Galdós, en su novela Zaragoza, escribió:
"Se concibe que continúe la resistencia de una plaza después de perdido lo más importante de su circuito? No, no se concibe, ni en las previsiones del arte militar ha entrado nunca que, apoderado el enemigo de la muralla por la superioridad incontrastable de su fuerza material, ofrezcan las casas nuevas líneas de fortificaciones, improvisadas por la iniciativa de cada vecino; no se concibe que, tomada una casa, sea preciso organizar un verdadero plan de sitio para tomar la inmediata, empleando la zapa, la mina y ataques parciales a la bayoneta, desarrollando contra un tabique ingeniosa estratagema; no se concibe que tomada una acera sea preciso para pasar a la de enfrente poner en ejecución las teorías de Vauban, y que para saltar un arroyo sea preciso hacer paralelas, zig-zags y caminos cubiertos. Los generales franceses se llevaban las manos a la cabeza diciendo: «Esto no se parece a nada de lo que hemos visto». En los gloriosos anales del imperio se encuentran muchos partes como este: «Hemos entrado en Spandau; mañana estaremos en Berlín». Lo que aún no se había escrito era lo siguiente: «Después de dos días y dos noches de combate hemos tomado la casa número 1 de la calle de Pabostre. Ignoramos cuándo se podrá tomar el número 2»."

Por su parte, el mariscal de Napoleón, Jean Lannes, conquistador de Zaragoza escribió:
"Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha. Es preciso organizar un asalto por cada casa. El sitio de Zaragoza no se parece en nada a nuestras anteriores guerras. Es una guerra que horroriza. La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores ... ¡Qué guerra! ¡Que hombres! Un asedio en cada calle, una mina bajo cada casa. ¡Verse obligado a matar a tantos valientes, o mejor a tantos furiosos! Esto es terrible. La victoria da pena."

Finalmente, Jean Belmas y Faustino Casamayor, ambos testigos presenciales de los acontecimientos desde los dos bandos, dejaron en sendos diarios sus impresiones de los últimos días de la resistencia zaragozana.

Jean Belmas cuenta:
“JORNADA del 18 de febrero. Ataque del Arrabal. A las ocho de la mañana, la artillería comenzó a disparar contra el arrabal y contra el muelle con cincuenta y dos bocas de fuego, repartidas entre las baterías nº 23, 26, 27, 28, 29, 30, 31 y 32. Las dos baterías nº 27 y 28 lanzaron bombas sobre el Arrabal y sobre la ciudad, donde alcanzaron el palacio del arzobispo y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar (…) La batería nº 14, situada en la orilla derecha, batió al mismo tiempo el gran puente del Ebro para interceptar la comunicación del Arrabal con la ciudad; el barón de Warsarge murió por el impacto de una bala en este puente, en el momento en que acudía a tomar el mando del Arrabal. (...)En este último convento (el de santa Isabel), la batería nº 31 había comenzado por abatir una puerta carretera que daba al patio. Esta puerta quedó destruida, pero los paisanos la levantaron y la sostuvieron con sus brazos. Una nueva salva la derribó una segunda vez y una segunda vez fue levantada. Para poner fin a esta maniobra, se batieron en brecha los pilares de la puerta. Un montón de cadáveres se encontró detrás de esta puerta que, cada vez que caía, aplastaba en su caída a los que la sostenían (…)”
"Día 19. La ciudad estaba acorralada; la hora de su rendición había llegado. la víspera, Palafox, enfermo con fiebre, había dejado sua utoridad en las manos de una junta, compuesta de cuarenta miembros (...) Esta junta se reunió durante la noche (...) REconoció que no había ninguna esperanza de ser socorridos; que los aprovisionamientos de pólvora habían sido consumidos (...) La epidemia provocaba espantosos estragos; cada día moría entre seiscientos y setecientos hombres" Jean Belmas.
Hace doscientos años la bandera blanca ondeó en la Torre Nueva. A altas horas de la noche la Junta acordaba con el Mariscal Lannes la Capitulación de Zargoza. Al día siguiente, unos 10000 defensores salían por el Portillo y entregaban sus armas.
“Causaba horror ver la ciudad. Se respiraba un aire infecto que sofocaba. El fuego que todavía consumía numerosos edificios cubría la atmósfera con un espeso humo. Los barrios donde los ataques habían sido conducidos no ofrecían más que montones de ruinas mezcladas con cadáveres y miembros esparcidos. Las casas, destrozadas por las explosiones y por el incendio, estaban acribilladas por aspilleras o agujeros de balas, o derrumbas por las bombas y los obuses; el interior estaba abierto por largos cortes para las comunicaciones. En la cumbre de algunos paños de muralla aun en pie, fragmentos de tejados y vigas suspendidas, amenazaban con aplastar en su caída a los que se aproximasen. A lo largo del Coso, que formaba la frontera de nuestra conquista, el suelo estaba levantado por el efecto de las minas y de las bombas, las puertas y ventanas estaban tapiadas con sacos de tierra, colchones o con muebles; todas las calles adyacentes estaban obstruidas por parapetos y escombros. (…) En este lugar de sufrimiento, no se oía más que los gritos arrancados por el hambre, el dolor, y la desesperanza (…) Así cayó Zaragoza, tras un sitio de cincuenta y dos días de trinchera abierta, de los que veintinueve habían sido empleados para adueñarnos del recinto y veintitrés en avanzar casa por casa.”


Por su parte, Faustino Casamayor narraba:
"Día 20 de febrero de 1809. Hoy llegó a Zaragoza al alto grado de heroicidad y sufrimiento, pues habiendo sufrido con el ánimo más constante un diluvio de bombas, granadas y balas rasas y no teniendo ya otro recurso "Capitulación de Zaragoza otorgada entre el mariscal Lannes, duque de Montebello, general en xefe del exército francés y la Junta Suprema de Gobierno en 20 de febrero de 1809:Capítulo 1º.La guarnición de Zaragoza saldrá mañana 21 al mediodía de la Ciudad con sus armas por la Puerta del Portillo y las dexará a 100 pasos de dicha Puerta.Capítulo 2º.Todos los oficiales y soldados de las tropas Españolas hará juramento de fidelidad a S.M. Católica el Rey Josef Napoleón I.Capítulo 3º.Todos los oficiales y soldados que habrán prestado el juramento de fidelidad quedarán en libertad de entrar en el servicio en defensa de S.M.C. Capítulo4º.Los que de ellos no quisieran entrar en el servicio serán llevados prisioneros a Francia. Capítulo 5º.Todos los habitantes de Zaragoza y los Extrangeros si los huviere, serán desarmados por los Alcaldes, y las Armas puestas en la Puerta del Portillo al mediodía. Capítulo 6º.Las personas y las propiedades serán respetadas por las tropas del Emperador y Rey. Capítulo 7º.La Religión y sus Ministros serán respetados, y serán puestos centinelas en las puertas de los principales Templos. Capítulo 8º.Las tropas Francesas ocuparán mañana al mediodía todas las Puertas de la Ciudad, el castillo y el Coso. Capítulo 9º.Toda la Artillería y municiones de toda especie serán puestas en poder de las tropas del Emperador y Rey mañana al mediodía. Capítulo 10º.Todas las Cajas Militares y Civiles (es decir las tesorerías y Cajas de Regimientos) serán puestos a disposición de S.M.C.Capítulo 11º. Todas las Administraciones civiles y toda especie de Empleados harán juramento de fidelidad a S.M.C. y la Justicia se distribuirá del mismo modo y se hará en nombre de S.M.C. el Rey José Napoleón I. Cuartel General delante de Zaragoza a 20 de febrero de 1809.El Mariscal Lannes Duque de Montebello. General en Jefe.D. Pedro María Ric. Presidente de la Junta."

Daniel Aquillué





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